martes, 7 de julio de 2015

La apacheta, del quechua: apachita, es un montículo de piedras colocadas en forma cónica una sobre la otra, como ofrenda realizada por los pueblos indígenas de los Andes de América del Sur a la pachamama y/o deidades del lugar, en las cuestas difíciles de los caminos.
Se tratan de verdaderos monumentos indígenas de valor sagrado, los que se construyeron en diferentes puntos a orillas del camino del inca.
Como vieja costumbre de dejar piedras, las convertía con el paso del tiempo en marcas, a manera de hitos, que demarcaban estos caminos. Es en esos puntos donde los viajeros piden y agradecen a la Pachamama (Madre Tierra) y a los Apus (dioses de las montañas).
Se creía que dejar una piedra protegía al viajero que pasaba por el lugar, la que se ofrecía junto a el acullico de hojas de coca, tabaco y/o bebidas fermentadas entre otras cosas.
A diferencia de un túmulo, la apacheta no se erigía como cámara funeraria ni para cubrir sepulturas o como lápida. La gran mayoría aparecen en solitario y aisladas, y se cree que quitar las piedras de la apacheta es profanación, equivalente al sacrilegio, por cuanto son sagradas para tal rito.